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Alergia

 

ALERGIA A LA LECHE

La incapacidad de digerir la lactosa (un glúcido presente en la leche), que provoca alteraciones digestivas y diarrea, en las horas siguientes a su ingestión. La alergia a la leche, se expresa por la intolerancia a la lactosa, provocada por una disminución de cuantitativa y cualitativa de la enzima lactasa, presente en las vellosidades de la pared intestinal, que es la responsable de la digestión. En general, en la infancia los niveles de dicha enzima son normales, pero cuando actúan factores genéticos o ambientales (desnutrición, parasitosis, infecciones intestinales) pueden provocar una alteración fisiológica tal que desencadene una baja producción de la misma.

La intolerancia a la leche no es lo mismo “alergia a la leche”, ya que esta última es provocada por la reacción bioquímica en el organismo y no por una deficiencia enzimática. Los síntomas de la alergia a la leche se manifiestan por nauseas y vómitos, enrojecimiento de la piel y crisis de diarrea.

Fisiopatología: En la superficie epitelial del intestino, las células de la mucosa producen y liberan una enzima digestiva llamada lactasa, cuya función es conducir la digestión de la lactosa. Cuando hay déficit en la digestión de la lactosa, es fermentada por la flora intestinal, generándose aire y ácidos orgánicos. En algunas personas, desde su nacimiento padecen una falta de producción de lactosa y en su período de lactancia, sufren crisis diarreicas muy importantes. En otros casos, el déficit en la digestión de lactosa se produce en la vida adulta, en forma de inhibición temporal, como sucede en una infección tóxica por alimentos, que produce lesión en la mucosa intestinal, o en otras patologías crónicas como la enfermedad de Crohn o de Whipple, enfermedad celíaca, y ciertos cuadros de desnutrición, donde se afecta la integridad de las vellosidades intestinales. En los casos de prematurez con menos de 30 semanas de gestación, es común que esta patología tenga un origen congénito. Estudios que se efectuaron en Estados Unidos de Norteamérica, demostraron que el 20% de los adultos puede sufrir algún episodio de intolerancia a la leche. En los casos de raza negra o indígena la intolerancia a la lactosa supera el 50% de los individuos.

Síntomas de la alergia a la leche: Pueden variar según el perfil biológico de los individuos y la cantidad de leche ingerida. La mayoría de las personas que sufren de intolerancia a la lactosa pueden ingerir el equivalente a uno dos vasos de leche en un día, pero no diariamente. En pocos casos, algunas personas refieren que desde niños no gustaron de la leche y que sin proponérselos evitan ingerir leche o productos lácteos, porque “creen que nos digieren”. Los que sufren de la alergia a la leche refieren ruidos hidroaéreos, distensión abdominal y mayor eliminación de gases. Cuando aumenta de leche o productos lácteos a estos síntomas se les suma un cuadro de crisis diarreicas, con materia fecal de aspecto acuoso, acompañada por cólicos abdominales. Posteriormente a las evacuaciones diarreicas puede existir prurito o ardor perianal por el pH ácido (menor a 6) que presentan las heces. No obstante, esta patología digestiva difícilmente cause desnutrición o disminución del peso corporal, salvo que se acompañen de otro tipo de enfermedad digestiva.

Diagnóstico: El profesional médico dirige su interrogatorio, buscando datos en la historia personal del paciente, especialmente en los hábitos alimentarios. Muchas veces se llega a una presunción diagnóstico, cuando el médico recomienda una dieta libre de lactosa. Luego de unas semanas hay una notable mejoría de los síntomas, sirviendo este método como test diagnóstico. Existe un test de Tolerancia a la Lactosa, que es el siguiente: Se da a tomar al paciente un vaso de agua conteniendo entre 50 a 100 gramos de lactosa. Se realizan extracciones de sangre en 4 oportunidades en el espacio de dos horas. Si el dosaje de lactosa en sangre es menor a 20mg% se considera una “curva plana” y es considerado positivo, ya que demuestra que hay déficit de absorción de lactosa.

Tratamiento: La leche y los productos lácteos son parte de una dieta equilibrada. Son ricos en macronutrientes, como las proteínas y en micronutrientes, especialmente el ión Calcio, elementos indispensables en una dieta saludable. Es muy difícil evitar la lactosa en la dieta porque está incluida en un sinnúmero de productos como tortas, cereales instantáneos, chocolate, helados, embutidos, papas fritas entre otros. Por tal razón es importante leer con atención los ingredientes que figuran en las etiquetas de los envases. Es muy importante recomendar en los niños la lactancia materna, ya que además de aportar los nutrientes esenciales, es rica en sustancias que fortalecen el sistema inmunológico, como los anticuerpos maternos y prebióticos (un tipo de hidrato de carbono que estimula el crecimiento de bacterias de la flora intestinal). En los casos comprobados de alergia a la leche, se deben evitar además de la leche, todos los alimentos que contengan lactosa. Hay fórmulas lácteas para la alimentación en la primera infancia: las leches hidrolizadas, donde se fragmentan las proteínas y disminuyen su capacidad antigénica; las que son a base de soja, que se indican a partir del segundo semestre de vida y las fórmulas lácteas basadas en aminoácidos libres, que son las únicas que pueden denominarse no alergénicas.

     

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