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Depresión

 

DEPRESION INFANTIL

El trastorno depresivo infantil es un trastorno del humor capaz de comprometer el desarrollo del niño o del adolescente e interferir en su proceso natural psicosocial. Son diferentes las manifestaciones de la depresión infantil y la de los adultos, posiblemente debido al proceso de desarrollo que existe en la niñez y la adolescencia. Depresión no es tristeza.

La depresión es una enfermedad mental que necesita tratamiento tanto en la niñez como en la vida adulta. Si las personas adultas muchas veces no perciben el problema como enfermedad mental, que podemos pensar que sucede en la niñez. La depresión infantil puede esconderse detrás de una máscara de irritabilidad, de agresividad, hiperactividad y rebeldía. Los niños pequeños tienen dificultad para trasmitir su verdadero estado emocional, por su escasa capacidad de comunicación con los adultos de su entorno familiar. Existen ciertos aspectos en algunos niños que deben ser evaluados si se pretende llegar al diagnóstico de depresión infantil. Entre los más frecuentes se encuentran los siguientes: humor irritable o depresivo, pérdida de interés en actividades placenteras, como los juegos o encontrarse con amigos, alteraciones del sueño, alteraciones en el apetito con pérdida o aumento de peso, dificultad para concentrarse, pensamientos o ideas recurrentes sobre la muerte o el suicidio, aumento o disminución de la actividad psicomotriz, fatiga psicofísica, sentimientos de desesperanza o culpa excesiva y también sentimientos de inferioridad y baja autoestima. Esas manifestaciones no siempre son debidamente valorizadas por familiares y pediatras, o cual dificulta el diagnóstico de depresión infantil. La depresión infantil tuvo recién su reconocimiento por la comunidad científica en el año 1971, durante el IV Congreso de la Unión de Psiquiatras Europeos, en Estocolmo, Suecia, donde se elaboraron criterios de diagnóstico para ese cuadro, que fue denominado “Trastorno Depresivo en la Infancia y Adolescencia”.

Incidencia: Investigadores norteamericanos constataron a través de una investigación realizada en el año 1991, una incidencia de depresión infantil en diferentes grupos de niños escolarizados: 0,9% en pre-escolares, 1,9% en alumnos de escuela primaria y el 4,7% en adolescentes de escuela secundaria. Posteriormente, a fines de la década de los noventa, según un informe publicado por José Luis Pedreira Massa, se constató en España que los trastornos depresivos podrían llegar al 9% en la población general infantil menor de 12 años, cifras que pueden superar a las obtenidas en adolescentes.

Síntomas: La Depresión infantil no se expresa invariablemente por tristeza u otros síntomas típicos. La diferencia entre los momentos en los cuales los niños pueden expresar tristeza y un estad verdadero de depresión, se encuentra en el tiempo y la motivación para vivir ese sentimiento. Normalmente se puede advertir un multiplicidad de síntomas, pero básicamente hay una Triada: Sufrimiento moral, Inhibición psíquica global y disminución del campo vivencial. En el área del comportamiento, se puede observar en los niños afectados un deterioro en las relaciones con los demás integrantes de su familia, amigos y compañeros de escuela, perdiendo el interés por ellas y tendiendo al aislamiento. Las alteraciones cognitivas que pueden ocurrir en estos niños, principalmente se observa en el nivel de atención, el razonamiento y la memoria, que interfieren en el rendimiento y el aprendizaje escolar. Muchas veces la depresión infantil es el origen del fracaso escolar. A continuación se consignarán las señales y síntomas más frecuentes:

•  Significativos cambios en el humor

. Disminución de la actividad psicofísica y del interés por cosas placenteras

•  Pérdida de la atención en las clases escolares con bajo rendimiento.

•  Alteraciones del sueño

•  Signos de conducta agresiva

•  Baja autoestima

•  Disminución de la energía psicofísica

•  Síntomas de padecimiento somático

•  Fobia escolar

•  Pérdida o aumento del peso corporal

•  Cansancio matinal

•  Hipersensibilidad (irritación y crisis de llanto sin motivo)

•  Actitud de negativismo y/o pesimismo

•  Ideas mórbidas sobre la vida

•  Enuresis (micciones nocturnas durante el sueño)

•  Conductas ansiosas y síntomas hipocrondríacos

No es necesario para un diagnóstico correcto, que se encuentre toda esta constelación de síntomas, sólo basta con que el niño presente algunos de ellos para sospechar que se trata de una depresión infantil y por lo tanto, debe estar bajo tratamiento con médicos especializados.

Diagnóstico: Los trastornos depresivos de la infancia se caracterizan por una sintomatología afectiva de larga duración, asociada a varias señales y síntomas tales como, insomnio, irritabilidad, rebeldía, temores, tics, cambio de hábitos alimentarios y cambio de conducta dentro del hogar y en la escuela. Es muy importante que estas manifestaciones no sean temporales, sino que perduren en el tiempo, para efectuar un diagnóstico correcto de un trastorno depresivo o simplemente son parte de los cambios emocionales normales que se encuentran en las diferentes etapas del desarrollo de la personalidad en la niñez. Por ello es necesario realizar una evaluación de la situación familiar, existencial, su nivel de madurez emocional y principalmente su autoestima. El profesional que lo asiste, no sólo tendrá en cuenta los cambios conductuales y lo que refiere el niño sino también la información que aportan sus padres, maestra y hasta la opinión de profesionales de otras disciplinas. Finalmente el profesional llegará al diagnóstico teniendo en cuenta las bases clínicas, muchas veces utilizando los mismos criterios que se usan para la depresión en el adulto, a pesar que el cuadro es diferente en lo niños, mucho más diferente cuando menos sean los años de edad.

Tratamiento: Debe estar a cargo de un médico especializado en Psiquiatría Infantil, a través de la psicoterapéutica, acompañado o no de tratamiento farmacológico.

     

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