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Hepatitis

 

Hepatitis B

Generalidades: Aproximadamente el cinco por ciento de la población del mundo (350.000 millones de personas) tiene infección crónica por el virus de la Hepatitis B, constituyendo el principal reservorio para la infección y un millón de personas mueren anualmente debido a la enfermedad hepática como consecuencia de esta virosis.

Se estima que tres cuartas partes de la población mundial vive en áreas donde la Hepatitis B es endémica, especialmente en Asia y Africa. El 12% de la población mundial vive en áreas de baja endemicidad, especialmente en Estados Unidos, Canadá, Europa Occidental, Australia y América del Sur. En Argentina, según datos registrados en bancos de sangre, la prevalencia de Hepatitis B, sólo llega al 1% de la población. Transmisión: El virus de la Hepatitis B se transmite de personas enfermas a personas sanas, tanto a través de la sangre y otros fluidos corporales como saliva y semen. Es decir que puede haber transmisión de madre-hijo en mujeres gestantes (vía transplacentaria), transfusiones de sangre, uso de agujas contaminadas y relaciones sexuales. En el mundo occidental la infección ocurre generalmente en adolescentes y adultos jóvenes, siendo el contacto sexual la principal vía de transmisión. Cuadro clínico: Luego de un período de incubación que oscila entre 6 semanas a 6 meses aparecen síntomas y signos que están directamente relacionados a la edad de los pacientes. Los recién nacidos no presentan signos ni síntomas de enfermedad. Los niños de 1 a 5 años de edad presentan síntomas de la enfermedad en un 20% de los casos. Sólo la mitad de los adultos infectados presentan síntomas. Los signos y síntomas clínicos de infección incluyen fiebre, anorexia, nauseas, vómitos, malestar, ictericia (color amarillento de la piel), coluria (color oscuro de la orina), acolia (heces pálidas o grisáceas). Dos de cada cien casos de hepatitis B, ocurren en forma fulminante, que generalmente causan la muerte. Evolución: La mayoría de enfermos de hepatitis B, evolucionan satisfactoriamente, con curación total. El 10% puede pasar a la cronicidad, o sea en vez de remitir la infección se hace crónica (el paciente continúa con capacidad de transmitir el virus) y con los años podría concluir en una enfermedad hepática grave, como la cirrosis hepática o el cáncer de hígado. Grupos de riesgo: Residentes de instituciones para minusválidos. Pacientes hemodializados o hemofílicos. Drogadictos endovenosos (compartir jeringas contaminadas). Homosexuales y bisexuales. Heterosexuales con múltiples parejas. Conviviente con portador crónico de hepatitis B. Trabajadores de la salud. Inmigrantes de países con alta prevalencia de la infección. Prevención de la hepatitis B: Evitar la conducta de riesgo, tanto de contaminación por sangre como por fluidos genitales. Uso de jeringas y agujas descartable. Utilizar el preservativo en todas las relaciones sexuales. Uso de guantes de látex descartables, en el caso de trabajadores de la salud. Uso de aros o piercing Vacunación para la hepatitis B: Desde la década del 80 comenzaron a distribuirse las primeras vacunas contra esta virosis.

Las vacunas para la hepatitis B obtenidas por tecnología de ADN reconvinante tienen diferentes concentraciones de antígeno que inducen la formación de anticuerpos cuando son administradas según los diferentes grupos de edad. Las vacunas actuales para hepatitis B tienen un 90-95% de eficacia. La protección permanece por largo tiempo. El 95% de los lactantes, niños y adultos jóvenes que reciben una serie completa de 3 dosis por vía intramuscular desarrollan anticuerpos protectores por muchos años. En cambio la respuesta a la vacuna en personas mayores de 40 años es más reducida.

 

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