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NUTRICION

Una vida sin hambre y malnutrición, indispensable para gozar del grado máximo de la salud constituye uno de los derechos fundamentales de todo ser humano. Se entiende por estado de nutrición un rasgo común a todos los individuos que se puede medir y evaluar a través de gráficos, escalas, tablas, registros y a veces pruebas de laboratorio.

El estado nutricional depende de muchas variables, pero podemos sintetizarlo como el resultado de una compleja interacción entre el estado de salud en un momento dado, los alimentos ingeridos y el entorno físico, pisicosocial y económico. Refleja no sólo la calidad y la cantidad de los alimentos sino también la medida en que pueden transformarse en nutrientes protectores de la salud y hacen posible un óptimo funcionamiento del organismo. Como el entorno y sus efectos varían de un individuo a otro, la malnutrición no se podrá atajar de manera uniforme y habrá que adaptar a cada caso particular la estrategia encaminada a prevenirla o combatirla. Realizando una mirada retrospectiva a través de la historia, tendremos que admitir que en la edad arcaica, la especie humana vivía al día con el producto de la caza y la recolección. Los estudios antropológicos muestran que los alimentos ingeridos por el hombre a lo largo de casi toda su evolución contenían poca grasa y menos aún azúcares, pero eran ricos en fibras y en hidratos de carbono complejos. Hace dos siglos, dado el mejoramiento en los métodos de producción, elaboración, almacenamiento y distribución de los alimentos en los países ricos, la gene se dio cuenta de que ya no corría riesgo de pasar hambre y podía hasta consumir sus alimentos preferidos. Pero, paradójicamente en las últimas décadas, porque hay una disponibilidad de alimentos a consumir según preferencia o gustos, los investigadores constataron que ese cambio en el hábito alimentario del hombre moderno (se alimenta en exceso y mal), aumenta su riesgo de sufrir enfermedades crónicas, especialmente las cardiovasculares. Mencionaremos algunas del grupo: Infarto agudo de miocardio, Accidente cerebrovascular, diversos tipos de cáncer, la diabetes mellitus, enfermedades gastrointestinales y afecciones óseas y articulares. Los alimentos más relacionados con estas enfermedades se encuentran en una dieta rica con alta concentración de nutrientes energéticos de origen animal y alimentos elaborados o preparados con adición de grasa, azúcar y sal. Si se desea promover una alimentación sana hay que lidiar con obstáculos como la demografía creciente, una agricultura poco productiva, el deterioro ambiental y la escasa cobertura del sistema de salud público. También la trágica situación de millones de niños que sufren de emaciación y retraso en el crecimiento y desarrollo, por falta de proteínas y calorías, que terminan enfermándose de cretinismo y otras lesiones cerebrales permanentes por carencia de Iodo o pueden quedar ciegos por carencia de vitamina A.

Los trastornos crónicos asociados e la dieta encuentran ya un terreno abonado en lugares donde, no hace mucho tiempo, las enfermedades infecciosas se consideraban la mayor amenaza para la salud. Esos trastornos están convirtiéndose con gran rapidez en causas importantes de defunción en los países con ingresos medio y bajos. En los países desarrollados existe otra realidad no menos importante: se consumen dietas no equilibradas en nutrientes, exceso de bebidas alcohólicas y otras sustancias. Un tipo de malnutrición que está cediendo el paso a otro tipo de carencias: el detrimento paulatino de la salud. Sea cual fuere el lugar donde vive un individuo lo que determina su estado de nutrición es “cómo vive, qué come y como interactúa con su medio biopsicosocial”.

 

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