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Obesidad

 

OBESIDAD INFANTIL

En la actualidad la obesidad no es más un problema de carácter estético, sino que de acuerdo a los conocimientos aportados por diversas disciplinas médicas, también es considerada un importante riesgo para la salud, que se manifestarán como trastornos endocrinológicos (diabetes, hipercolesterolemia), cardiovasculares (cardiopatía isquémica) y alteraciones en huesos y articulaciones.

Casi el 15% de los niños y el 8% de los adolescentes padecen trastornos por su sobrepeso u obesidad y lo más preocupante es que se ha constatado que de cada 10 adolescentes obesos 8 continúan en esa misma condición cuando llegan a la adultez. Los niños en general ganan peso con facilidad por diversos factores como: los hereditarios, los hábitos alimentarios del núcleo familiar, el estilo de vida sedentario, trastornos psicológicos (angustia oral), consecuencias de una familia disfuncional, entre otros. La obesidad infantil no siempre se manifiesta por la ingestión de grandes volúmenes de comida. Hay muchos casos de niños que consumen una cantidad normal de alimentos, pero de un valor calórico tal que les provoca aumento del peso corporal. Alimentos hipergrasos: Principalmente las hamburguesas, papas fritas, comidas elaboradas con aceite o manteca, comidas fritadas, las cuales son muy apetecibles por los niños, especialmente aquellos que tienen familias acostumbradas a este tipo de comidas con alto contenido graso. Es común que los niños acostumbren a imtar a sus padres en todo lo que ellos hacen, e inevitablemente si tienen hábitos alimentarios no saludables inducen a que sus hijos se alimenten de la misma manera. Sedentarismo: La vida sedentaria en la niñez se ve facilitada por las consecuencias que deparó el hipertecnicismo de fin de siglo (televisión, computadora, videogames, Internet, etc.) que impiden que los niños puedan tener una actividad física acorde con las necesidades de la edad. Hay otro factor importante, que debe ser considerado: la inseguridad. Como efecto de la postglobalización, aumentó la violencia urbana, a la cual los niños y adolescentes tienen alta vulnerabildad. Por esta causa, muchos padres prefieren que sus hijos permanezcan dentro de sus viviendas, “entretenidos” con la tecnología moderna (computadora, juegos electrónicos, etc.), y se vean impedidos de desarrollar actividad física y deportes recreativos. Además, la cultura del niño sedentario, inevitablemente va acompañada de consumo de alimentos no recomendables, mientras manipula la consola de su máquina de videojuegos. Conducta ansiosa: No sólo los adultos sufren estados ansiosos provocados por el estrés cotidiano. Los niños, tanto de primera o segunda infancia, sufren tensiones en su propio medio familiar y en sus actividades sociales (escuela). Muchas veces ocurre que los estados ansiosos tienen un correlato con la oralidad acentuada que se canaliza en un aumento de la ingesta diaria. Los estados ansiosos en los niños como en los adultos pueden determinar que se ingieran alimentos sin tener el apetito correspondiente, lo que cierra un círculo vicioso de entre ansiedad - ingesta aumentada – aumento del peso corporal.

El niño obeso esta expuesto a otro factor de ansiedad, producto de su aspecto obeso: la discriminación que percibe tanto sus compañeros de juego en la escuela como de sus vecinos de barrio, puede potenciar mucho más ese estado de “ansiedad oral”. Herencia: Recientes investigaciones sobre el tema constaron que un hijo de padre o madre obesos tiene una probabilidad del 50% de ser obeso en la edad adulta, y los primeros indicios de sobrepeso se van a manifestar en la niñez. Muchos de estos casos se encuadran en el síndrome que se conoce como Obesidad Infantil. Esta predisposición a la obesidad en gran parte se debe a factores genéticos y en menor parte por condicionamientos culturales de alimentación.

 

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