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Parto

 

PARTO NATURAL

Se entiende como parto natural aquel que no sólo se produce por medio fisiológicos, sino el que proveyó la naturaleza, basado en un sincronismo psicofísico que involucra la interacción de glándulas, hormonas, músculos lisos y músculos estriados, ligamentos y la actitud de la mujer que va a parir, que debe concentrar todo su esfuerzo y energía para lograrlo.

En consecuencia, en el parto natural, solo se aplican los procedimientos y métodos de la obstetricia, en caso de existir necesidad, es decir que algún momento del trabajo de parto es conveniente la acción del profesional. Es importante dejar en claro, que concepto de parto natural difiere totalmente con el de “parto medicalizado, que habitualmente se indica en dentro del sistema de salud institucionalizado, ya sea público, privado o de obras sociales, donde la tecnología médica trata de sustituir los mecanismos fisiológicos naturales propios del organismo femenino. Esta deformación cultural que se instaló en la sociedad no fue azarosa, sino que ocurrió en el marco de logros tecnológicos y científicos utilizados por la ciencia médica. En muchos casos, el uso indiscriminado de la tecnología médica puede poner en riesgos innecesarios a la madre y al hijo, llegando a desvirtuar la experiencia del nacimiento, es decir: un acontecimiento involuntario, instintivo, visceral, emocional, íntimo, donde protagonista es la mujer. Como decíamos antes, el parto es involuntario y como en las instituciones médicas lo que se pretende controlarlo, por razones propias del sistema de salud, puede resultar que exista interferencia y el bloqueo del mismo. Muchas veces de los profesionales del equipo de obstetricia se escucha esta expresión: “la paciente tiene una buena dilatación del cuello uterino, pero cuando entró a la sala de partos, la dilatación se detuvo”. Y es en ese momento, cuando se prepara todo el arco tecnológico que se dispone en esa disciplina médica, que pretenden sustituir los mecanismos fisiológicos naturales que tiene preparado el organismo y que todavía no entraron en acción . Entre esos recursos podemos citar el uso de hormonas estimulantes, la episiotomía (corte de labios mayores para ampliar la abertura del canal del parto), anestesia peridural para atenuar el dolor (pero priva a la parturienta de la capacidad de pujar), aplicación de fórceps, etc. El parto natural humaniza y jerarquiza el acto de parir. Le devuelve a la mujer el protagonismo que nunca tuvo que perder. Se debe respetar los mecanismos fisiológicos, aceptar su carácter de instintivo y voluntario, tratando de no interferirlos, pero brindando un soporte emocional, ya que el factor emocional es de gran importancia para el normal desarrollo del “trabajo de parto”. No se debe olvidar el factor medioambiental y el entorno: la temperatura, las luces, los ruidos. El ambiente ideal donde debe transcurrir el parto es: la penumbra, ausencia de ruidos, temperatura agradable y un entorno humano que colabore emocionalmente con la mujer, para lo cual la calidad humana y la actitud del mismo es esencial. La forma en que se trata a la mujer de parto puede condicionar totalmente su progreso. Por ello, las primeras recomendaciones de la OMS no se refieren a los aspectos técnicos, sino emocionales y psicológicos: Debe fomentarse una atención obstétrica crítica con la atención tecnológica al parto y respetuosa con los aspectos emocionales, psicológicos y sociales del parto.

Contrariamente a lo que se piensa, parto natural no es volver al pasado, sino recuperar la capacidad y la confianza en la propia naturaleza y rendirse ante ella. Tampoco es renunciar a la tecnología, sino adjudicarle el lugar que le corresponde: las complicaciones y los casos de riesgo. Las prácticas de rutina en no son buenas ni malas. Pueden ser adecuadas, cuando se toman una vez estratificado el riesgo y pueden ser inadecuadas cuando se realizan en forma sistemática e indiscriminada a mujeres parturientas que no las necesitan. La evidencia científica demuestra que el parto natural no sólo es más digno para la mujer, es también el más seguro. Debe ser como recomienda la Organización Mundial de la Salud: “una calidad de atención basada en el protagonismo de la mujer y en su fisiología, y el mínimo grado de medicalización posible”. 


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