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Salud Mental

 

ADICCIONES EN ADOLESCENTES

Para poder comprender un tema tan crítico como las adicciones en adolescentes, debemos hacer una evaluación de su familia conviviente. Es sabido en todas las personas a medida que transcurre su vida, se encuentran inmersas en lo que se conoce como Ciclo Vital Familiar. Es un ciclo que tiene 5 fases y es en una de ellas donde transita la vida de un adolescente. A dicha fase se la denomina Fase de Consolidación Familiar, (período donde se debe estabilizar una familia) y que lamentablemente muchas familias no consiguen lograrlo, viviendo en constante crisis que los conduce a una disfuncionalidad familiar.

FAMILIA DISFUNCIONAL

El entorno familiar del adolescente es de mucha importancia. El fenómeno social que provocó la postglobalización, causó fisura en la estructura social, fragmentó la familia y al menos provocó una precariedad de los vínculos intrafamiliares. Como resultado de un sinfín de causas-efectos surgieron familias disfuncionales, cuyos integrantes no sólo viven un trastocamiento de valores, sino tienen dificultad de asumir la autocrítica. En este tipo de familias, es muy difícil asumir los roles, es más, muchas veces ellos se invierten. La familia carece de un perfil propio frente al medio social y termina mimetizándose con él. Un adolescente incluido en una familia con estas características puede tener sentimientos de culpa y preocupaciones frente a sí mismo y hacia los demás. Estas estructuras familiares vulnerables tienen efectos graves en los primeros años de edad, pero son más evidentes en la adolescencia, ya que es el segmento de la vida donde seguramente se ha de formar la personalidad de un individuo. No es de extrañar que en una personalidad pre-adictiva un adolescente busque “huir” de este estado de crisis familiar apelando al efímero placer que puede dar una droga.

MODELOS FAMILIARES

El perfil del adolescente adicto, no siempre se encuentra en el marco de una familia disfuncional. También puede hallarse en ciertos modelos familiares, donde existen consignas o mensajes verbales y no verbales que le marcan de alguna manera al niño o al adolescente una conducta a seguir frente a las vicisitudes de la vida, apelando al consumo de medicación o sustancias psicoestimulantes. Es el caso del adolescente cuyos familiares directos, en especial aquellos que son el arquetipo de un modelo a seguir (padres o hermanos mayores), apelan al uso de psicofármacos con o sin prescripción médica o al consumo del tabaco y el alcohol en forma compulsiva frente a cualquier situación adversa que les genera ansiedad. Hay otros casos, en que las personas que representan esos modelos familiares a imitar, en vez de utilizar psicoestimulantes, apelan al consumo abusivo de alimentos para calmar su angustia oral. Estos 2 patrones familiares no saludables, pueden ir construyendo en el niño un “modelo de vida” para enfrentar situaciones de stress y conflictos, ya que al no existir modelos coherentes de reflexión, se prioriza la satisfacción inmediata que proporciona la sustancia adictiva, en vez de pensar cómo saber esperar y controlar los propios impulsos. Esta es una de las formas que puede generarse una personalidad preadictiva. En estos casos sólo falta que el adolescente tome contacto con la droga, para que se pueda convertir en adicto.

ADOLESCENCIA Y VULNERABILIDAD

A todo lo expuesto referido a factores familiares, hay que sumarle las características propias del adolescente: en muchos casos puede existir una desidealización del padre y de la madre, a partir de la cual los hijos dejan de sentir esa protección que representaban sus padres en los primeros años de edad. A la vez que ocurre esta situación, es común que aparezcan grandes contradicciones en los adolescentes: puede ser que tomen distancia de los objetos de su niñez relacionados con sus afectos y a la vez tengan nostalgia de ellos. Estos sentimientos contradictorios les pueden provocar angustia y temor, por lo que buscarán protección y fortaleza en líderes o ídolos que satisfagan estas necesidades, incluyéndose en estos grupos de adolecentes, conocidos como “grupos de pertenencia”. A veces el “azar” determina el final de este derrotero, ya que el modelo a seguir es el que está instalado en los códigos de dichos grupos, donde la idealización o la necesidad de imitación, puede llevar al adolescente a iniciarse en alguna adicción. Hay que admitir también que es en la adolescencia, cuando las emociones y riesgos son más buscados porque se cree que da solidez a la propia existencia.

Cuando esta búsqueda se intenta en un marco de normalidad resulta positiva para el desarrollo de la personalidad. Pero lamentablemente, en otros casos, esa necesidad del vértigo, los riesgos y las emociones los adolescentes pueden encontrarla en el consumo de la droga. El consumo de alcohol y tabaco tienen una aceptación social y forman parte integral y crucial de la secuencia adictiva. Muchas veces su uso precede al de las drogas ilegales, independientemente de la edad en que se inicie el consumo estas últimas. Las primeras sustancias que los jóvenes suelen experimentar son alcohol y tabaco (cerveza, vino y cigarrillos). Con el correr de los años cambian las bebidas blancas y/o por el consumo marihuana y algún tipo de psicofármacos.

IMPORTANCIA DE LA PREDISPOSICION

Para concluir hay que dejar bien en claro que tal como dice el axioma “no se hace adicto quien quiere sino quien puede” . Como pasa con la salud, que no todas las personas se convierten en enfermos, sólo aquello que tienen la predisposición de enfermar de una patología determinada, no todos los adolescentes que llegan a consumir algún tipo de drogas se hace adicto, ya que tienen que existir esos factores predisponentes que se encuentran en su personalidad y los disparadores familiares y sociales que se mencionaron.

     

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