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Salud Mental

 

Autoestima

La autoestima es un sentimiento de aprecio y aceptación a uno mismo, que se relaciona con la capacidad de competencia con los demás. No depende de nuestros genes, sino de nuestro fenotipo, es decir, del medio psicosocial donde uno nace, el ambiente familiar y social que acompaña a la persona en su niñez y adolescencia, los valores humanos que le fueron inculcados, el nivel cultural alcanzado.

En fin, todo lo que posibilita al ser humano para efectuar una valoración de sus ideas, su actitud, su comportamiento, que lo capacita para alcanzar sus objetivos y enfrentar sus crisis vitales. Se acepta que la autoestima es imprescindible para el bienestar de las personas y una condición necesaria para que estas se relacionen con las demás. La dificultad con la que se tropieza para lograr la autoestima personal, es que entrando al siglo XXI, encontramos una sociedad individualista, insolidaria, muy competitiva, con una cultura light (cuida el aspecto corporal, la imagen y el narcicismo), que nos presenta modelos de vida, ya desde nuestra adolescencia, basados en lograr la perfección de la imagen corporal (belleza física) y la imagen social (la carrera hacia el status quo). La adolescencia es uno de los periodos más críticos para el desarrollo de la autoestima; es la etapa donde comienza a construirse la personalidad, para lo cual es imprescindible contar con “una identidad”. Para lograrlo, cada persona debe reconocerse distinta a las demás, conocer el límite de sus capacidades y sentirse “valiosa” para alcanzar en sus objetivos y proyectos de vida. Es una etapa de la vida donde se definen los principios básicos de la existencia que marcará el rumbo a seguir. En la "crisis de identidad" que aparece en los adolescentes, éstos se cuestionan hasta la opinión de ellos mismos que tenían anteriormente. Es inevitable que en la búsqueda de su nueva identidad el adolescente deba transitar un período de cambio en la percepción de sí mismo, que involucra un cambio positivo o negativo en su autoestima. En este marco, desde que se tiene uso de razón, a lo largo de su vida, muchas personas están insatisfechas y frustradas porque en la percepción de sí mismas, sobrevaloran sus defectos y no reconocen sus capacidades. Por el contrario, otras personas que sienten una exagerada e inconsistente autoestima, tienen dificultad para resolver sus crisis vitales por carecer de la capacidad suficiente. El perfil que tienen las personas con autoestima elevada es: Tener más capacidad para enfrentar o superar sus crisis vitales. Alcanzar los objetivos que se proponen. Una personalidad más desarrollada. Más creatividad. Seguros de sí mismos. Independencia en sus ideas y valores. Capacidad de relacionarse con las demás personas. En cambio, el perfil que tienen las personas con baja autoestima se caracteriza por: No alcanzar los objetivos propuestos. Inseguridad en sí mismo. Carecer de autoconfianza. Abusar de la autojustificación. Sentimiento de frustración y sentimiento de culpa. Dificultad en el rendimiento laboral o intelectual. Incapacidad de una buena relación con las demás personas. En el caso de carecer autoestima alta, en primer lugar se debe conocer cuáles y cuantas son las fortalezas y las debilidades. Una vez efectuada el diagnóstico de situación, hay que trazarse un objetivo y decidir cuál aspecto de las mismas se puede mejorar o reforzar. Hay que entender que van a existir siempre algunas “aristas” de nuestra personalidad inmodificables, con las cuales hay que saber convivir y hasta saber sacarle provecho.

A continuación damos algunas consignas a tener en cuenta para recuperar la autoestima perdida No esperar siempre la aprobación de los demás, tomar de una vez las “riendas” de la propia vida, evitando que otra persona lo siga haciendo en lugar de uno mismo, no idealizar a las personas del entorno, no ser demasiado autoexigentes, ni autojustificarse permanentemente, aprender a disfrutar de las cosas cotidianas de la vida y ser más independientes.

 

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