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Salud

 

CICLO VITAL

El llamado ciclo vital es un modelo evolutivo de la familia ideado por el terapeuta norteamericano Milton Erickson, que muestra las distintas etapas que ésta atraviesa en su desarrollo. Es, de hecho, un importante instrumento para abordar familias que ayuda al médico de familia a reconocer y comprender las complejas relaciones familiares. El ciclo vital describe las distintas etapas de la evolución de una familia, haciendo hincapié en las tareas que sus miembros deben desarrollar, los cambios que deben implementar, en cada momento evolutivo. A estas etapas las denomina de la siguiente manera:

FORMACION DE LA PAREJA

•  Período de noviazgo.

•  Constitución de la pareja, matrimonio, concubinato.

EXPANSION

•  Nacimiento de los hijos.

•  Infancia de los hijos.

CONSOLIDACION

•  Período intermedio - adolescencia de los hijos.

APERTURA

•  Destete de los padres - salida de los hijos del hogar. (síndrome del nido vacío)

DISOLUCION

•  Retiro de la vida activa y vejez.

La capacidad de la familia para atravesar las distintas fases de su evolución va a estar influida por la historia familiar anterior y por la propia historia de la familia en cuestión. Puede haber mitos y creencias heredados por ambos progenitores de generaciones anteriores que van a otorgar un significado particular a las distintas situaciones, pudiendo resultar estos significados facilitadores o inhibidores del crecimiento de la familia y sus miembros. Una pareja que desde sus inicios puede aprender a resolver sus conflictos, es la base para un desarrollo familiar potencialmente saludable. La familia, como cualquier organismo en constante evolución y crecimiento, atraviesa crisis vitales y accidentales . Las primeras son las que se producen en un desarrollo normal. Son previsibles y conforman un núcleo de situaciones que deben ser atravesadas y resueltas para pasar a un estadío evolutivo posterior. Estas implican cambios en los vínculos interpersonales, tanto dentro y fuera de la familia, y cambios en la relación de la familia con la comunidad. Estos cambios demandan una reformulación de las normas de convivencia, de las funciones de los miembros, una resignificación de los afectos. Las accidentales son inesperadas y son por lo general interrupciones al desarrollo previsible que implican una readaptación del organismo, como pueden ser muertes inesperadas, cambio de la situación laboral o económica tan habitual en nuestros días, etc. Cuando el organismo en desarrollo se ve impedido de resolver la crisis, suelen aparecer síntomas y enfermedades.

1) FORMACION DE LA PAREJA

Este período es el que desarrollan los adolescentes desde los primeros vínculos de pareja hasta formar una pareja consolidada y con proyectos. En el hecho de formar una pareja está implícito que el adolescente comienza un camino de diferenciación de su familia de origen que va a concluir en la salida de ese miembro del grupo familiar para pasar a formar una nueva familia. Implica también el contacto con otros estilos de vínculo familiar, con otros valores, que a veces provocan conflictos. Recordemos que una de las tareas más importantes que se desarrollan en la adolescencia es la consolidación del yo. En este proceso de estructuración es importante que el adolescente pueda diferenciarse de sus padres y pueda elegir qué conservar y de qué distinguirse de ellos. Para ello la familia debe acompañar este proceso permitiendo y valorando esta diferenciación sin evitar la relación de cuidado implícita en la función parental, incluyendo los límites que sean necesarios poner. Cuando la familia no ayuda en esta diferenciación, y reclama una adaptación rígida a sus normas y valores, suelen tender a producirse situaciones de sometimiento y sobreadaptación, o situaciones de violencia o cortes abruptos del vínculo con su familia de origen como intentos de resolución del conflicto. Es importante en esta etapa que el o la joven pueda rebelarse a sus padres y a la vez sentirse amparado por ellos. Para esto se necesitan de padres que no interpreten a la rebeldía como una traición, sino como un medio para encontrar la identidad de sus hijos.

Ya sea que la pareja se case formalmente o comience una convivencia se va a encontrar con que es el momento de consolidar los límites de la pareja de manera que, ya diferenciados espacialmente de sus familias originarias, puedan también diferenciarse en cuanto a los valores, normas, estilos de vínculos que ahora serán propios de esta pareja. Es importante que puedan establecer una frontera que les permita tener autonomía y mantener vínculos afectivos con sus familias. Esta autonomía es la que les va a permitir elegir sus proyectos, darle un carácter particular a los vínculos entre ellos y con el medio que va a identificarlos como pareja. Una dificultad con la que pueden encontrarse en este momento es cuando los padres de ambos quieren involucrarse en las decisiones de la pareja. Esto se ve facilitado cuando la pareja sigue manteniendo algún tipo de dependencia ya sea afectiva o económica. Es común actualmente que las parejas sean ayudadas por sus padres económicamente, y esto a veces genera que los ayudadores se crean con algún derecho sobre esta pareja, o que el matrimonio crea que tiene que otorgarlo. Cuando existe una buena autonomía afectiva, es mucho más fácil establecer los límites necesarios. En este punto es que se muestra una gran diferencia entre la convivencia y el matrimonio. En general, los rituales siempre han servido para establecer límites y facilitar el pasaje de una etapa a otra, de manera que ese nuevo status es reconocido por todos los involucrados y se torna innegable. En este orden, el casamiento marca el desprendimiento de la familia de origen y el germen de una nueva familia. También va a ser determinante del desarrollo de esta pareja las motivaciones que los llevaron a la decisión de casarse. Lo esperable es que esto sea una decisión que represente la madurez de esta pareja –tanto afectiva como de sus proyectos-, aunque a veces la decisión responde a otras necesidades. Hay parejas que se arman para salir de la casa de los padres, hay otras que se casan “de apuro” frente a un embarazo. Cuando la motivación se aleja de las necesidades madurativas del vínculo y del amor, sucede que una vez finalizado el motivo, la pareja pierde sentido.

2) EXPANSION

El nacimiento de los hijos es lo que marca el inicio y consolidación de la nueva familia. Es un momento difícil ya que implica cambiar la estructura de-a-dos a una estructura de-a-tres. Para esto hay que darle un lugar a este hijo, primero desde el imaginario y el deseo, y después concretamente en los vínculos y espacialmente en el hogar. El primer momento después del nacimiento está signado por una relación simbiótica entre madre e hijo. Este momento de pasaje entre la indiferenciación del embarazo a la diferenciación del nacimiento como una persona distinta e individual necesita de esta fase intermedia de simbiosis madre-hijo en la cual el padre queda excluido del vínculo más cercano, teniendo una función más periférica de contención y cuidado. Este momento suele ser dificultoso para muchos hombres que se niegan a ceder transitoriamente su lugar de-a-dos con su esposa a este hijo, provocando celos. Este primer momento de simbiosis tiene su fin, y es el padre quien cumplirá una función más activa encargándose de imponer la ley. Esta ley es la que permite que la diferenciación madre hijo se lleve a cabo, reconociendo al hijo como una persona diferenciada y con grados cada vez mayores de autonomía; y reestructurando los vínculos familiares de manera que se consolide la alianza parental que permita ejercer un cuidado en común del hijo. La pareja vuelve a ser pareja y ambos y cada uno va a establecer una relación particular con el hijo. En esta fase puede verse la madre dificultada para la discriminación y diferenciación. Esto sucede cuando ella toma a este hijo como objeto narcisista que la completa, y no puede aceptar la frustración de que este hijo no va a ser quien cubra sus carencias. Cuando el padre no puede interrumpir en ese vínculo, suele dar lugar a alianzas patológicas que muy probablemente van a determinar un vínculo de dependencia. La manera y el momento en que fue concebido el hijo va a ser un factor determinante del desarrollo de la familia y de las posibilidades de crecimiento. Si bien lo esperable es que el hijo sea deseado y planeado, que sea la conclusión de un proceso de conocimiento y amor de la pareja; hay situaciones en que la concepción tiene otras connotaciones. Hay hijos que nacen sin ser esperados, hay otros que son engendrados para solucionar problemas de pareja ya sea con acuerdo de los dos o como decisiones unilaterales frente a la amenaza de separación. Decíamos antes que es necesario que la pareja le haga un lugar a este hijo, pero si ese lugar está teñido de una expectativa de salvación o solución de dificultades, lo que seguramente hará el nacimiento será empeorar los desacuerdos. Es importante indagar cómo fue concebido (y para qué) ya que esto aporta una valiosa información acerca de su lugar en la familia, que si es inadecuado seguramente resultará en alguna patología. Otra dificultad que se puede presentar es el cambio en la frontera de la familia. Hay veces, sobre todo si algunas de las familias de origen son muy invasoras, que traten de volver a involucrarse en las decisiones de la pareja propiciando el conflicto en ella. Es necesario entonces redefinir esa frontera de manera que resulte funcional para conservar la fluidez del intercambio afectivo. La infancia es el período de la vida en la cual se realizan los primeros aprendizajes para la supervivencia, desde aprender a mamar hasta su socialización. En este proceso de socialización se va formando la estructura de carácter que va a signar la forma de ser el en mundo de ese niño. La función de los padres es básicamente de contención y afecto, cuidado y alimentación. Cuando el hijo queda expuesto a las diferencias y ambivalencias de los padres, suelen producirse disfunciones que terminan expresándose en trastornos físicos o psicológicos. Muchas veces los hijos se hacen cargo de las diferencias de los padres, enfermándose de manera de mantener a los padres distraídos de sus conflictos y preocupados por la dolencia del niño. Esto demuestra una disfunción en el cual el hijo toma un rol activo de cuidado sobre los padres, trastocando el orden natural que implica que el cuidado debe ser de los padres hacia el hijo. Un momento que puede presentarse como conflictivo es el ingreso del hijo a la escolaridad. En ese momento no sólo el hijo es presentado en sociedad sino que la familia toda va a estar representada a través de él. Así quedará expuesto el trabajo de varios años tanto de la funcionalidad y los logros como de las dificultades de la familia.

3) CONSOLIDACION

En este período la familia comienza a tomar una nueva estructura y los vínculos sufren grandes modificaciones. Al llegar a la adolescencia, los jóvenes ya empiezan a manifestar una mayor independencia, insertándose en grupos de pertenencia externos a la familia. Esta inserción va a permitir el contacto con otras idiosincrasias, otros estilos y valores que pueden resultar diferentes y hasta opuestos a los familiares y que resultan en conflictos que tienen que resolver. Es importante que la familia permita la inclusión y aceptación de algunos de esos valores que diferencian al hijo. Se hacen comunes los cuestionamientos hacia los padres, coincidente con la crisis de la edad media de estos. Es un momento en que los adolescentes necesitan límites firmes y a la vez experimentar y rebelarse, sin sentir riesgo de perder a sus padres. La inserción del hijo en otros grupos de pertenencia, sumado al habitual incremento de actividades con respecto a las de la infancia, va a dar como resultado que esté menos tiempo en la casa. Es un momento en el cual la pareja vuelve a reencontrarse después de quizás cerca de quince años dedicados a la crianza y cuidado de los hijos. Este reencuentro tanto tiempo más tarde va a significar que los dos han cambiado, y que los acuerdos y proyectos que fundaron a esta pareja y a esta familia necesitan ser revisados y actualizados.

4) APERTURA

En este paso, la situación antes mencionada se incrementa ya que es esperable que la pareja cese en su función de acompañamiento y cuidado de los hijos, para transformarla en una relación de afecto sin esas cualidades. Si los padres estaban en crisis en el estadío anterior, ésta empeorará interrumpiendo la posibilidad de reencuentro. Desde el modelo tradicional de clase media de padre proveedor y madre dedicada a la crianza, el hombre suele llegar a este momento con una vida laboral activa y desarrollada, quizás exitosa, mientras que la mujer queda “desempleada” con la salida de los hijos del hogar. Esto genera muchas veces dificultades en la mujer para encontrar cómo seguir con sus vidas, nuevos proyectos, actividades, etc. Además, al ampliarse la familia, se definen nuevos roles con la familia política, que puede ir de un vínculo amistoso y de colaboración a uno de competencia y tirantez. Cuando sucede esto último la pareja suele quedar “tironeada” entre ambas familias.

5) DISOLUCION

En nuestra cultura, el final de la vida laboral rara vez es elegido. Quienes trabajan en relación de dependencia generalmente son obligados a jubilarse al llegar el momento designado por las leyes como el comienzo del derecho de jubilarse. Si pensamos que esto sucede a una edad entre sesenta y sesenta y cinco años, podemos ver que a esa edad una persona puede estar vital y necesita estar ocupada. En este momento suelen presentarse con frecuencia, sobre todo en los hombres, trastornos del estado de ánimo como depresión y distimia, que suelen servir de campo fértil para el desarrollo de enfermedades típicas de la vejez como el mal de Parkinson, Alzheimer o cáncer. Se supone que la mayor incidencia en la población masculina es que éstos por lo general se dedican toda la vida a la misma actividad, mientras que las mujeres están obligadas a diversificar su actividad entre trabajo, hogar, crianza, vuelta al trabajo u otra actividad, etc. En este momento es cuando aparece también un nuevo rol: ser abuelo. La familia se amplía y en su nuevo rol los abuelos pueden dedicar parte del tiempo al cuidado de sus nietos. Actualmente esto se ve intensificado por la salida laboral de la mujer. Hace cincuenta años era habitual que la mujer dejara de trabajar al tener familia para dedicarse a la crianza. Ahora la mujer suele trabajar a la par y a veces más que el hombre. Esto implica que cierto tiempo del día los hijos deben quedar al cuidado de otras personas o instituciones. Llega el momento en que alguno de los cónyuges muere, muchas veces después de cierto tiempo de enfermedad en el que el cónyuge sobreviviente dedicó su tiempo al cuidado del muriente. El sobreviviente que queda sin la compañía de cuarenta ó cincuenta años, puede mostrar signos de desconcierto o confusión. Es importante que la familia pueda además de sostenerla afectivamente, adjudicar tareas que le hagan sentir útil. Aquí finaliza el ciclo vital familiar que comenzó en el noviazgo y termina con la muerte de alguno de los cónyuges. Es útil tener en cuenta este modelo para conocer cuál es el contexto familiar del consultante y qué lugar y rol ocupa en ese momento.

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