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Salud

 

pSICOMOTRICIDAD INFANTIL

Introducción: La psicomotricidad es una disciplina que, a partir del movimiento se convierte en un medio de comunicación tan poderoso que no sólo sirve para transmitir sentimientos, sino que también para desinhibir al niño, desarrollar su intelecto y proporcionarle oportunidad de controlar sus desajustes emocionales.

El desarrollo de la actividad motriz, no puede reducirse a hechos puramente biológicos. Se hace por etapas necesarias, teniendo en cuenta que cada etapa de dicha evaluación es el resultado de una fusión donde coinciden las adquisiciones precedentes, el grado de desarrollo neuromuscular y el desarrollo sensitivo-sensorial. El instrumento básico de la psicomotricidad infantil es el propio cuerpo. Este es utilizado primero como receptor básico a las distintas estimulaciones, y a partir de sus reacciones se debe transformar el trabajo en una movilización activa, utilizando las técnicas psicomotoras, y partiendo de que la psicomotricidad es la educación del control de la expresión motora. El hombre es psicomotor, esto es: sincronizado entre el tener, ser, querer, poder y hacer. A partir de lograr el conocimiento y la concientización del cuerpo, se consigue la incorporación de los diversos elementos necesarios para alcanzar el aprendizaje. Existe una estrecha relación entre psicomotricidad infantil y el aprendizaje escolar. Dado que la actividad motora del niño es paralela al desarrollo intelectivo, veremos a partir de ejemplos, cómo una actividad puede ayudar y complementar a la otra. Así, en el caso de la escritura, para poder cumplimentarla, el niño debe poseer un normal desarrollo de la motricidad fina, especialmente a nivel manos-dedos y una regulación tónico-postural correcta.

Además necesita una adecuada coordinación entre la vista y las manos y un desarrollo del lenguaje que le permita comprender lo que escribe, así como trasmitir su significado. A ello debe agregarse, y es fundamental, un adecuado estado de atención y de discriminación visual, acompañada de una aceptable organización espacio-temporal. Gracias al protagonismo de la psicomotricidad dentro de la educación, se logran objetivos como: autoestima o autovaloración de relación, organización de patrones básicos para la educación, etc. A medida que aumenta la capacidad intelectual de los alumnos y su maduración motriz, se sigue un camino más cercano a la normalidad, así la maduración motriz va perdiendo progresivamente peso, para convertirse en una ayuda y complemento de las otras áreas, favoreciendo la adquisición de destrezas motrices imprescindibles para los demás aprendizajes, o sea hábitos. Si como afirma Piaget ”La inteligencia se desarrolla cuando logra asír el medio que lo rodea”, con la educación psicomotriz se inicia el camino, para alcanzar este objetivo, partiendo del entorno más próximo que puede haber para cualquier persona: su propio cuerpo. Luego participa en acrecentar el ámbito de experiencias de este, en la medida en que colabora a que este primer “objeto” descubierto se vaya situando en las coordenadas espacio - temporales y practicando relaciones cada vez más complejas con los objetos que rodean el mundo. Todos los saberes que el alumno adquiere sólo poseen auténtico valor educativo, cuando se entrelazan entre sí, para convertirse en una realidad vivida y plenamente significativa para él.

El dominio psicomotriz sirve de nexo entre todos ellos. Cualquier habilidad motriz no tiene fin en sí misma, sino que rápidamente encuentra aplicación en multitud de aprendizajes más complejos por ejemplo: una relajación segmentaria, una independencia derecha-izquierda, disociación de los dedos, control de movimientos precisos, se pueden convertir en conductas imprescindibles para el aprendizaje de la lecto-escritura. Debemos tener en cuenta que el comportamiento intelectual: memoria, juicio, razonamiento coincida, con el grupo. Esto no es más que un aspecto de la educación en general, y es posible que el nivel psicomotor del niño recién incorporado, se desvíe de la norma del grupo, manifestándose en ciertos aspectos, más atrasado que sus compañeros. Un niño con capacidad mental suficiente para iniciar el aprendizaje de la escritura puede, sin embargo, presentar dificultad para adquirir su mecanismo. En este caso será necesario trabajar todos los aspectos especialmente fundamentales de la motricidad como la coordinación óculo-manual, manos, dedos, etc., paralelamente a la adquisición de esa técnica. Un niño que presenta una motricidad perturbada, ve reducido proporcionalmente el campo de sus experiencias, al no poder controlar sus manos o saltar y comer como los demás, no puede recibir toda la información de que se disfruta cualquier otro que no padezca sus alteraciones. Las experiencias tempranas, fuertemente consolidadas, son difícilmente alterables, porque el niño que será más tarde, se construye con carácter relativamente irreversible en la primera y segunda infancia. El propósito es pues, dotarlos de una comunicación corporal: hacerlos “grandes” en expresiones corporales, desterrar la inexpresión estática y crear formas de comunicación de las que se sirvan para hablar sin palabras.

MOTRICIDAD FINA

Ahora nos vamos a referir a este tema que son los movimientos de la mano y su coordinación sensorio-motriz. Recién hacia los cuatro meses y medio el niño es capaz de realizar una prensión dirigida visualmente. Antes de esto el niño no es capaz de tomar las cosas más que de una forma: no diferenciando perceptivamente unos objetos de otros. Los movimientos de la mano y el control de los dedos siguen el siguiente desarrollo. Hasta las 16 semanas (4 meses) no hay contacto de la mano con el objeto, entre la semana 16 y 20 (4 y 5 meses) se produce dicho contacto. A partir de la semana número 20, comienza a tomar el objeto con toda la mano y al llegar a la semana 28 (7 meses) puede ya apretar el objeto y realizar el empalme inferior a la semana 32 (8 meses) ya tiene la mano del niño la capacidad para realizar el empalme superior. A las 36 semanas (9 meses) puede usar la parte inferior del índice para tomar un objeto. A las 52 semanas (13 meses) ya tiene la capacidad para utilizar todo el dedo índice y el pulgar como pinza. Algunos estudios comparativos han mostrado que los niños africanos tienen un desarrollo más rápido que el de los niños occidentales pero esto se debe probablemente a que las a madres entrenan más a sus hijos en estas actividades. Entre los niños de una misma cultura hay numerosas variaciones individuales, con progresos rápidos o más lentos. Si un sujeto progresa muy lentamente respecto a las pautas normales puede ser una fuente de preocupación, pero para ello tiene que alcanzar retrasos considerables porque las diferencias entre los individuos son en algunos casos muy notables sin que tengan nada de patológico. Ya que mucho depende del medio en el cual viva el niño y de que manera se lo estimule, los factores más determinantes de este desarrollo son la nutrición, el entrenamiento, el estimular al niño para que realice esas actividades y las oportunidades para moverse libremente.

MOTRICIDAD GRUESA

Es un hecho evidente que los distintos aspectos de la motricidad constituyen un complejo con múltiples derivaciones, traduciéndose algunas en manifestaciones visibles en la personalidad del niño, dependiendo de ese aspecto fundamental de la personalidad ya descripto que es la organización del esquema corporal. La actitud es un hábito postural instalado en forma progresiva en el niño durante su desarrollo psicobiológico. Un equilibrio correcto es la base fundamental de toda acción diferenciada de los miembros superiores y de toda coordinación dinámica general. Cuando el equilibrio postural es defectuoso, se instala una lucha continua en la persona en la persona contra el desequilibrio, que fatiga el espíritu, distrae involuntariamente la atención, consume más energía que resta a otros trabajos. Es una lucha caso casi siempre inconsciente, que lleva a acciones torpes, imprecisas, provocando contracturas, golpes, caídas; y en el plano psicológico ansiedad y angustia. En cualquier clase de inadaptación presentado y en cualquier estadio del desarrollo alcanzado por el niño en las distintas funciones, el equilibrio postural es generalmente insuficiente y las alteraciones tienen siempre un fuerte correlato psicológico. Se ha observado que cuando aparecen alteraciones o insuficiencias del equilibrio estático y dinámico se asocian con estados latentes de ansiedad o inseguridad, las emociones aparecen ligadas al fondo tónico o sea que hay una relación indiscutible entre el equilibrio de un sujeto y su psiquismo; una actitud es al mismo tiempo un estado de ánimo. Los fisiólogos reducen las impresiones periféricas a cuatro clases principales (esto sin dejar de reconocer la complejidad del fenómeno) impresiones táctiles, visuales, kinestéticas y lateríticas que intervienen en la conservación y modificación del equilibrio del cuerpo. La educación psicomotriz al mejorar el comportamiento del niño favorece el establecimiento de una postura equilibrada, sin dejar de lado la educación del esquema de actitud y de las posiciones habituales, sentado y de pie. Para que exista una actitud equilibrada y armónica debe haber concienciación y control del propio cuerpo, coordinación y desarrollo de la motricidad gruesa.

El equilibrio postural se va logrando a través de:

1- la suma de sensaciones que permitan crecer los elementos de un esquema corporal.

Control de la cabeza

Control de la pelvis y la espalda

Manejo de las sensaciones plantares

2- logro de las posiciones de sentado y de pie. Estas dos posiciones habituales son diferentes, ya que los puntos de apoyo no son los mismos.

3- liberación del miembro superior asociado a la actitud equilibrada y más económica.

Los reflejos relacionados con el equilibrio se educan practicándolos en el primer año de vida, ayudando al niño a lograr auto-confianza, permitiendo una progresión lenta, precisa y minuciosa de las experiencias motoras necesarias para su desarrollo, habituación a las caídas y a la altura y disminución progresiva de la ayuda facilitada al niño. Todos los ejercicios tendientes a la educación, establecimiento y conservación del equilibrio postural deben tender a la tonificación de los músculos posturales .

     

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