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Salud

 

SALUD COMUNITARIA

En una comunidad, la vida de las personas transcurre en etapas que, con mayor o menor claridad, determinan su ubicación psicosocial y la construcción de la personalidad. Por lo tanto el concepto de salud y la existencia de factores de riesgo difieren en función de la edad y las vivencias de cada uno. La salud comunitaria se manifiesta por el modo por el cual cada persona transite los diferentes períodos de su ciclo vital. Cada etapa está fuertemente condicionada por la experiencia de la anterior, y esto se observa en las dos primeras: infancia y adolescencia. Observemos la característica de cada una:

Primera y segunda infancia

Protección y autonomía son los conceptos que han de caracterizar este período evolutivo, especialmente en el terreno familiar, estableciéndose un equilibrio , difícil de mantener, pero que es básico para el futuro desarrollo psicosocial.

En los primeros años de vida, el individuo es totalmente dependiente de su entorno . Adquiere gran importancia la madre , bien asesorada por el pediatra , tanto en lo que concierne a los cuidados (alimentación, prevención de accidentes, preservación de la salud) como también en el desarrollo psicoafectivo. Otro determinante importante lo representa la familia . El predominio del afecto y la autonomía favorecen la autoestima del niño, predisponiéndolo para un desarrollo psicosocial óptimo. Si prevalecen por el contrario, la hostilidad y el control, causarían una distorsión en el desarrollo normal, constituyéndose en factores acumulativos de riesgo . Existen familias funcionales como disfuncionales, las cuales se analizarán más adelante. Esta diferencia determina que en sí mismas, unas u otras, pueden ser condicionantes de la salud o la enfermedad del niño. En este período pueden ocurrir episodios de maltrato, abuso, abandono, accidentes fatales, intoxicaciones y padecimientos de enfermedades infectocontagiosas graves. Finalmente, en la salud comunitaria no hay que dejar de mencionar la función de la escuela , que constituye la primera institucionalización formal en esta etapa, produciéndose a una edad cada vez más temprana (guardería, jardín de infantes). Es allí donde los niños, desde la primera infancia reciben información referida al autocuidado de la salud. En el período que abarca desde el nacimiento hasta la adolescencia, es fundamental la buena nutrición, el cumplimiento del plan de inmunizaciones y la prevención de accidentes.

La adolescencia

Es un período de transición, no determinado solo por la edad, sino por la dependencia económica, social y familiar, que retrasa el logro de la autonomía. En la actualidad el tiempo de esta dependencia se alarga cada vez más y los hijos adolescentes presentan crisis de autonomía e independencia, ante las cuales los padres suelen responder con actitud autoritaria o bien permisiva. En esta etapa son frecuentes las crisis de identidad, que generan expectativas, comportamientos y respuestas a menudo contradictorias, tanto de ellos como su entorno adulto. Por todo ello, la adolescencia constituye una etapa de alto riesgo en salud, ya que la conducta de riesgo de los adolescentes, en lo que respecto a los accidentes de tránsito, en el contagio de enfermedades de trasmisión sexual (sida, hepatitis B, etc), y las adicciones que se pueden adquirir, como los hechos de violencia en que se ven comprometidos, pueden determinar que se pierda tanto la salud, como la vida misma (en la adolescencia la primera causa de muerte son los accidentes de tránsito).

La edad adulta

En este período, al formar una familia, la persona participa como miembro de la pareja conyugal y además como padre-madre con el advenimiento de los hijos. La interacción entre los diversos componentes del grupo familiar (como en todo grupo humano) posibilita el desarrollo de crisis, que pueden incidir en el estado de salud. Luego de los 40 años, es frecuente que se manifiesten las enfermedades hereditarias (diabetes), como así también las que se pueden adquirir por predisposición familiar (hipertensión arterial). Se acentúan además las consecuencias de los hábitos, conductas y adicciones, muchas de las cuales se adquirieron en la adolescencia (como sedentarismo, alimentación inadecuada, tabaquismo, etc) que posibilitan la aparición de los factores de riesgo cardiovascular (hipercolesterolemia, hipertensión arterial, diabetes, etc). En esta etapa de la vida, la salud comunitaria puede estar vulnerable, ya que influyen los factores psico-sociales negativos (desempleo, stress, inseguridad, violencia, etc). Si consideramos una sola variable, como la del desempleo, se puede comprobar su relación directa con perturbaciones psicosomáticas, aumento de adicciones (tabaquismo, alcoholismo, psicofármacos), aumento de los conflictos familiares que a veces concluyen en episodios de violencia familiar, etc. La prevalencia de cardiopatía isquémica es mayor, especialmente en adultos jóvenes de sexo masculino, en muchos de los cuales ocasiona la muerte (especialmente en los que fueron grandes fumadores). También es importante destacar que en éste período aparece la menopausia en las mujeres, a partir de la cual, éstas comienzan a carecer de la protección brindada por los estrógenos (aumenta el riesgo de osteoporosis y enfermedad cardiovascular). No se debe obviar el proceso llamado “nido vacío”, que es aquél que sufren los matrimonios, aunque más las madres, cuando los hijos dejan el hogar familiar para establecer el propio. Este evento muchas veces se asocia a otra crisis vital como la menopausia y tanto ésta como el síndrome del nido vacío pueden crear un cuadro, por ejemplo de depresión o malestares inespecíficos, que no deben ser atribuidos a una patología orgánica.

La tercera edad

La salud comunitaria se pone a prueba en la tercera edad. Luego de los 65 años, ya que aparecen cambios corporales sufridos por envejecimiento biológico, como también la disminución natural de su psicodinamismo. Esto exige un proceso de adaptación positiva a la pérdida del rol productivo en la sociedad, como a la fragmentación familiar, y a la disminución del estado de salud psicofísica, mediante la autorreflexión sobre su realidad. En este período, pueden acentuar más aún los factores de riesgo, que mencionamos anteriormente. Pero hay que considerar además, el aumento de riesgo de los accidentes domésticos, por caída (fractura de cadera), la aparición de enfermedades psicológicas (depresión endógena), el aumento de riesgo de padecer cáncer, como también padecer de accidentes cerebrovasculares (trombosis cerebral, hemorragia subaracnoidea, etc), muchos de ellos dejando incapacidades definitivas (hemiplejias), que incluso llegan a ocasionar el deceso.

 

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