SINTOMAS DEL SIDA
No es posible diagnosticar con seguridad una infección causada por HIV, basándose apenas por los síntomas. Personas que son portadoras de HIV pueden sentir un buen estado de salud, creyendo que no tienen enfermedad alguna, pero que sus sistemas inmunológicos pueden estar siendo dañados por la acción de esta virosis por lo cual, a pesar del bienestar que presentan, pueden padecer signos y síntomas del Sida, como también ser vulnerables en cualquier momento a una enfermedad oportunista y además tener capacidad de transmisión del virus del HIV.
A medida que evoluciona el virus dentro del organismo, en ausencia de diagnóstico y obviamente sin tratamiento efectivo, el mismo debilita el sistema inmunológico, que a su vez aumenta la vulnerabilidad del portador a sufrir infecciones oportunistas. Una vez que las defensas son dañadas severamente, estas infecciones pueden consolidarse y producir síntomas, en muchos casos muy intensos.
La única forma de averiguar si una persona está infectada por el HIV es a través de un test de HIV (Elisa y/o Western Blot). Algunas personas que están infectadas por el HIV no tienen ningún cambio inmediato de salud, sólo algunas manifestaciones de un proceso semejante a un estado gripal en las primeras semanas consecutivas al contagio. Este cuadro puede también coexistir con lesiones cutáneas y la presencia de adenopatías. Este proceso es temporal y remite espontáneamente en pocos días o semanas. Muchas patologías pueden causar un cuadro similar al descripto.
Estadios de la infección por HIV
FASE I: Infección primaria de HIV: Dura pocas semanas y se manifiesta por síntomas compatibles con un estado gripal. Los síntomas son tan banales, que muy pocas personas portadoras del HIV perciben la necesidad de consultar al médico. En este estadio hay gran concentración de virus en sangre periférica y elevada producción de anticuerpos por el sistema inmunológico. Este síndrome se caracteriza por un comienzo agudo de poca duración, con un estado febril con escalofríos, cefalea, dolor de garganta, sudoración, astenia, pudiendo también acompañarse de diarrea, mialgias, artralgias, erupciones cutáneas y eventuales adenopatías.
FASE II: Clinicamente asintomática: Tiene una duración aproximada de 10 años y no tiene manifestaciones clínicas significativas, solo que a veces pueden aparecer adenopatías solitarias. En todo este tiempo, el nivel de virus en sangre desciende, pero el estado infeccioso permanece y por lo tanto, al existir anticuerpos los test de Sida, seguirán siendo positivos. Este es el período más importante en la transmisión, ya que muchos portadores desconocen su condición y al carecer de síntomas, sus contactos sexuales sin protección ponen en riesgo al otro/a integrante de la pareja.
FASE III: Infección sintomática de HIV: Con el correr del tiempo el sistema inmunológico se deteriora en forma severa por la replicación del virus en la sangre. Los síntomas van acentuándose en la medida que las defensas orgánicas van disminuyendo. Es el momento propicio para la aparición de enfermedades oportunistas y diferentes tipo de tumores malignos. Esta fase se caracteriza por la presencia de enfermedades sistémicas. Según el área afectada por la virosis, pueden aparecer manifestaciones en el aparato respiratorio, gastrointestinal, el sistema nervioso central y la superficie de la piel.
Signos y síntomas más frecuentes: Pueden agregarse sensación de picazón en la piel, formación de lesiones abcedadas, febrícula, cefalea, nauseas y/o vómitos, síntomas urinarios, tales como polaquiuria, ardor post-miccional, etc. En algunos casos predominan los síntomas respiratorios como tos seca, fatiga, dolor de garganta y en otros los abdominales, como cólicos o distensión intestinal, con o sin deposiciones diarreicas.
FASE IV: Es el segmento final en la evolución de un individuo portador previo a la aparición de la enfermedad. En esta fase el sistema inmunológico tiene su capacidad muy disminuida para defender adecuadamente al organismo, por lo cual es común que se instalen patologías infecciosas o no, que evolucionan siempre a una forma grave y que conducen a un diagnóstico definitivo del Sida. Las patologías más comunes son la la neumonía, el cáncer, diversos tipos de enfermedades infectocontagiosas (hepatitis B, citomegalovirus, etc.) y patologías que afectan al Sistema Nervioso Central.
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